Otra de Trichet: pide abaratar el despido

Foto:badarkablar.

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Jean-Claude Trichet, el presidente del BCE, se encuentra en España asistiendo al Foro Nueva Economía, cita en que ya se ha despachado un par de declaraciones lo suficientemente claras como para saber que el sistema completo debe ser reformado… desde la raíz.

Trichet anunció que los tipos de interés no seguirán en la senda del descenso; fuertes declaraciones considerando que su estrategia se basó únicamente en bajar dicho indicador económico.

Trichet, el bromista

Pero más allá del anuncio y de las interrogantes que quedan volando con respecto a los pasos que seguirá el BCE, están las declaraciones que el presidente de la entidad hizo con respecto a los despidos y las empresas.

Solicitó a las autoridades económicas españolas que reformen el mercado laboral con el fin de abaratar el despido, moderar los salarios y acelerar la entrega de ayudas a las empresas para evitar seguir con el endeudamiento.

También pidió evitar que el costo de la protección laboral sea muy pesada para los empresarios, pobrecitos ellos, gente desamparada y frágil que llora por los dineros fiscales, siempre atentos a las necesidades de esos mal agradecidos trabajadores.

Dado este punto la pregunta es obvia: ¿por qué? Trichet y su séquito de “especialistas” (los mismos que no se dieron cuenta de lo que se venía), han dicho lo que se esperaba; han defendido al empresariado que, mal que mal, son los que alimentan al BCE.

Pero incluso siendo empáticos con él, no se no explica por qué los que deben pagar las consecuencias de esta debacle deben ser los trabajadores. ¿Abaratar el despido mientras otros se forran gracias a las ayudas estatales?

Trichet ha hecho de esta última parte de su labor en el Banco Central Europeo, una oda a la inactividad. Sus medidas ampliamente reseñadas en todos los medios de prensa, ha ido a la cola de las actitudes más proactivas de otras economías, como la estadounidense o la alemana.

Puede ser que su criterio se base en el pragmatismo puro, en el talión de la economía para tiempos de crisis. El problema es que sus ideas pertenecen al mismo saco de donde salieron las que han hundido a nuestras economías; han perdido toda credibiliad al permitir que estafadores hicieran y deshicieran con el dinero de millones de currantes.

No tenemos por qué creer en el BCE y menos en su presidente. No tenemos que creer en la actual estructura económica; hay que devolver poder al Estado y aumentar la regulación sobre esos ladrones que Trichet y compañía insisten en proteger.

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