Casi seis millones de parados y aun así continuamos con la misma política económica

Casi seis millones de parados en España.

Casi seis millones de parados en España.

Concordemos en que los políticos españoles no han dado muestras de estar a la altura de las circunstancias. Concordemos en que los pomposamente autodenominados “expertos” son buenos en avivar incendios, pero no hay dado ni una a la hora de anticiparse a los hechos. Concordemos en que ninguna de las medidas relacionadas con la economía de España ha dado, al menos, un resultado que llame a la tranquilidad. Concordemos en que todos ellos se han dedicado a cacarear pero muy poco a consensuar una camino viable a seguir, uno que sancione al que se deba y que al mismo tiempo permita el estímulo.

Acerca del paro y las medidas económicas

Para los 5.965.400 individuos que según la Encuesta de Población Activa (EPA) no tienen un puesto de trabajo, no valen los eufemismos que tanto acomodan a la clase dirigente. Eso de que no hay otra opción más que los recortes, la obsesión inmovilizadora de esa corte de funcionarios millonarios que viven a costa nuestra en sus palacetes de Bruselas y toda la palabrería estadística de los lacayos de Merkel -como Olli Rehn-, han visto consagrada su real y perversa utilidad: ahogar al inocente y salvar al defraudador, al banquero inescrupuloso y a las mafias ejecutivas que controlan la especulación bursátil.

Si la intención ha sido salir de la crisis económica, hay demasiados intereses particulares envueltos como para que se implementen políticas que realmente echen una mano a las PYMES, a los autónomos –a quienes se les cobran tasas absolutamente prohibitivas en España- y a todos quienes buscan una alternativa para poder vivir dentro del país. Cuando se trata del dinero, los banqueros han demostrado tener límites éticos demasiado flexibles como para que estén dispuestos a colaborar de verdad en la recuperación.

Con un 26.02% de la población activa en el paro y con 363.300 hombres y mujeres que durante el cuarto trimestre de 2012 se quedaron sin una manera estable de ganarse la vida, no se puede seguir esperando que el mismo tipo de decisiones provoque algún efecto positivo en la economía de España. Si alguno piensa que paralizando la vida productiva del país de esta manera vamos a ir a mejor porque el déficit tiene que controlarse –algo que, aunque siendo válido, no puede lograrse sin dar estímulo alguno al consumo, por pequeño que sea- vamos por un pésimo camino.

A estas alturas es evidente que el presidente del Gobierno no cuenta con una autonomía real. Merkel ha amarrado bien todo y no pretende modificar el escenario hasta después de septiembre, que es cuando competirá por un nuevo periodo en la Cancillería de Alemania. Además, países como España han estado pagando altas cantidades de dinero por la colocación de su deuda soberana, algo que en último instancia ha beneficiado a la banca privada germana. En el intertanto, el mantra ideológico de la Europa derechista seguirá rigiendo sin contrapeso (Hollande, a pesar de sus buenas intenciones, no ha logrado estructurar una alternativa creíble).

Las cosas así, en este camino, no soportan más análisis.

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