José Blanco y posible huelga de controladores aéreos: sólo debe quedar uno

Huelga de controladores aéreos

Blanco v/s controladores

Con la frase “La paciencia es infinita, pero se nos acaba”, el ministro de Fomento, José Blanco, definió el límite de la tolerancia de su departamento para con los controladores aéreos. El conflicto laboral entre este colectivo, por un lado, y AENA y el Gobierno, por el otro, originó varios roces entre los protagonistas y por lo que se vislumbra, la novela promete varios capítulos más.

Blanco v/s controladores

Una huelga que no se convoca, pero que flota en el ambiente y bloquea el turismo; unos avances en las conversaciones de los que todo el mundo habla pero que nadie firma ni confirma; o una mesa de negociación que se rompe, pero que nadie reconoce haber abandonado, son algunos de los infortunios por los cuales el problema parece estar lejos de resolverse.
Desde el ministerio, José Blanco arremetió en contra al acusarlos de querer “trabajar menos y cobrar más”, al tiempo que instó a sentarse en la mesa negociadora a representantes autorizados, ya que, a su juicio, los actuales negociadores del sindicato del sector, el USCA, “no tienen autoridad suficiente”. “La paciencia del Ministerio Fomento es infinita, pero se nos está acabando. Estamos dispuestos a negociar mejoras de los tiempos de actividad y descansos, pero no a hacer cosas que vulneren la ley”, acotó el ministro.

En febrero, se decretaron las nuevas condiciones generales para el gremio por las cuales se amplió la jornada ordinaria de 1.200 horas anuales (más unas 600 adicionales y mejor pagadas) a 1.670 (más 80 extraordinarias) y, de facto, redujo los sueldos un 40% (de 350 mil euros al año a 200 mil).

Por su parte, el portavoz de USCA, Daniel Zamit, respondió a Blanco al mencionar que el sindicato tuvo el apoyo del 98% la votación sobre la huelga. “La junta directiva de nuestro sindicato cambió en junio, sin embargo, por parte de AENA y Fomento no ha habido ningún cambio y no han podido cerrar acuerdos ni antes ni ahora, así que los que tienen que cambiar quizá son ellos”, replicó el gremialista. Zamit subrayó que “lo que la ley marca es el máximo de horas posible, pero no impide negociar una jornada inferior, no hay que vulnerar la norma”, concluyó.

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