Fiscalidad de los productos financieros

Valorar una inversión va más allá de la rentabilidad concreta que se ofrezca. También es necesario fijarse en la fiscalidad de los productos financieros y en los impuestos que pagaremos al hacer la declaración de la renta. Y es que a fin de cuentas, el factor impositivo puede hacer que nuestra decisión de ahorro se decante de un lado u otro.

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Acerca de la fiscalidad 

Aunque existen infinidad de alternativas de inversión, lo cierto es que tras el último cambio legislativo se ha unificado la forma en la que tributan la mayoría de productos financieros. En términos generales, las inversiones se suman a la denominada base imponible del ahorro, donde tributarán en su totalidad al 21% para las ganancias inferiores a 6.000 euros, al 25% para las que se sitúen entre los 6.000 y los 24.000 euros y al 27% para las que superen esta cantidad. Esto se cumple a rajatabla en vehículos tan populares como los depósitos, las cuentas remuneradas o las Letras del Tesoro.

Esta regla también se aplica a otros productos, aunque en el caso de los fondos de inversión o de las acciones hay que tener en cuenta algunos aspectos adicionales.

  • Fondos de inversión: las ganancias obtenidas se sumarán a las rentas del ahorro. En este caso existe una exención de tributar cuando el dinero se reinvierta en otro fondo de inversión. Es decir, podremos posponer el pago a Hacienda con los consiguientes beneficios siempre que contratemos otro fondo con el capital y las ganancias conseguidas.
  • Acciones: sólo se tributará en el momento de hacer efectivas las ganancias o pérdidas y cuentan, además, con la opción de compensar las mismas durante un periodo de cuatro años. De forma temporal, las operaciones a corto plazo entendidas como las que se realizan con acciones que han estado menos de un año en cartera, tributarán al tipo marginal del contribuyente.
  • Dividendos: se suman a la renta del ahorro pero están exentos de tributar los primeros 1.500 euros.
  • Planes de pensiones: en este caso su fiscalidad es totalmente distinta al resto de opciones, en parte por el afán del Gobierno en incentivar su contratación y en parte por la forma en la que después se recupera el dinero invertido. Para empezar, las aportaciones a los planes de pensiones permiten pagar menos en la declaración de la renta al reducir la base imponible en función de la cantidad aportada, si bien existen unos límites relacionados con la edad y los ingresos del contribuyente. Por otra parte, en el momento del rescate tributará como renta del trabajo al tipo marginal, tanto los beneficios como el principal aportado, si se recupera como renta y como ganancia patrimonial en caso de que se recupere como capital, para el que existe una reducción del 40% para las aportaciones y beneficios anteriores a 2007.

Fuente: impuestosrenta.com

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