Cumbre del G-20: cuando el tuerto gobierna a los ciegos

Cumbre del G-20

Cumbre del G-20.

Esto de la crisis de deuda bancaria ha pasado de causarme angustia a aburrirme como pocas cosas logran hacerlo. Incluso esa sensación de apocalipsis que me revolvía las tripas después de ver el telediario, ha terminado por dar paso a un estado de tediosa embriaguez. Y es que los líderes políticos y expertos económicos llevan demasiado tiempo dando palos al aire como para que los tome en serio. Eso es lo que ocurre cuando el ciego es el rey.

La Cumbre, las declaraciones y los desmentidos

La Cumbre del G-20 ha dejado durante las últimas horas una serie de declaraciones contradictorias, un continuo de chambonadas verbales corroboradas por unos y desmentidas por otros. Dada esta realidad fácilmente comprobable (basta con echar un vistazo a la prensa), no extraña que la situación de la economía de Europa y la de sus dirigentes, esté pasado de preocupante a patética.

Por un lado, José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, ha dicho que una de sus tareas en la Cumbre está siendo elaborar mecanismos para terminar con la molesta unión entre deuda bancaria y riesgo soberano, algo que a ojos de muchos parece incomprensible y hace que las consecuencias de errores privados recaigan en los hombros del sector público. Sin embargo, los países hacen oídos sordos, sumiendo aún más al portugués en el aislamiento.

Por otro lado, los esfuerzos del presidente del Gobierno para evitar que el dinero que Bruselas desembolse para solucionar los problemas en la banca española compute como deuda pública, están siendo absolutamente inútiles. Lo único que ha sacado en claro es lo que ya sabemos: las condiciones del préstamo probablemente incluyan ventas de activos bancarios, fusiones o liquidaciones de entidades. Así de claro.

La única manera de que la deuda pública no se vea afectada es entregando el dinero directamente a los bancos. Y esta es una idea constantemente descartada al interior de la UE, especialmente por Alemania, país que se ha transformado en el paradigma de la intransigencia y el inmovilismo.
A ver qué se saca de esta nueva Cumbre G-20, aunque nadie se espera mucho. Al final, todo es el mismo espectáculo

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *