Christine Lagarde y sus declaraciones

Christine Lagarde

Christine Lagarde.

Las declaraciones hechas por Christine Lagarde, directora gerente del FMI, en las que dijo que los griegos deberían pagar sus impuestos y que estaba más preocupada por la gente de Níger que por la situación del pueblo heleno, no hacen sino reafirmar el estereotipo que las personas de todo el mundo tienen de este organismo, de las personas que lo dirigen y de todos aquellos que tienen relación con él.

Acerca de las declaraciones

Christine Lagarde ha vuelto a dejar en claro que la gente de su calaña vive absolutamente alejada de la realidad; están tan acostumbrados a los grandes números, a las cuentas macroeconómicas, que parece que han olvidado que la economía doméstica se rige por otros  parámetros. Porque si hay algo cierto, es que los porcentajes que repletan los informes guardados en su ordenador no tienen nada que ver con la manera en que las personas comunes y corrientes están afrontando la actual situación económica.

La mandamás del FMI ha pecado de soberbia y  de altanería. La extrema frialdad de sus palabras reflejan una realidad de la que nadie duda: los grandes círculos financieros pretenden estar por sobre el bien y el mal. No importan las responsabilidades de la banca ni la forma en que este sector se está aprovechando de las ayudas públicas, como tampoco importa el sucio juego que mantienen los especuladores a través de las más que cuestionables agencias de calificación.

Para gente como Lagarde, la responsabilidad de cualquier crisis económica siempre deberá ser asumida por los ciudadanos y por sus impuestos, una forma de pensar que a través de los años ha generado una red de impunidad en la que banqueros, hombres de finanzas y empresarios de peso global siempre podrán resguardarse, porque, mal que mal, cenan en los mismos restaurantes y envían a sus hijos a los mismos colegios donde el elitismo es la principal rama de estudio.

Ahora vendrá la hora de las disculpas y Christine Lagarde dirá que no quiso insultar a nadie, que se la malinterpretó, que sus palabras fueron sacadas de contexto y toda esa sarta de frases que gente de su ralea siempre lanza cuando su propia estupidez queda en evidencia. Pero, como siempre, será tarde. La ira es demasia y el hastío con este sistema que siempre perdona a los ladrones con cuello y corbata seguirá en aumento hasta que algo realmente trágico ocurra.

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