Caja Castilla La Mancha intervenida por el Banco de España

Ahora que el Gobierno ha anunciado la intervención de Caja Castilla La Mancha, la primera que se hace en España desde que la crisis económica arrasó con la banca internacional, la tensión ha vuelto a subir en el país.

El Consejo de Ministros ya aprobó un primer paquete de dinero que avala hasta 9 mil millones de euros, con la intensión de que el Banco de España concrete la intervención y solucione el problema de liquidez que afecta a la entidad financiera.

Caja Castilla La Mancha: el rescate

Porque en principio el problema es ese, falta de dinero, escacés de billetes; nada que ver con los peligros de quiebra o un eventual efecto dominó en la banca española. El que Caja Castilla La Mancha tuviese que recurrir al Estado no perjudica la buena imagen del sistema bancario español, esa de la que el mismo presidente del BBVA se jactaba hace unos días en Wall Street.

Sin embargo, la duda ya está instalada. El Ibex 35 inició la jornada yéndose a pique un 2,23%; sí, es cierto, la salida forzada por Obama de Rick Wagoner, presidente y consejero delegado de General Motors ha influido. Pero lo de Caja Castilla La Mancha ha sido fundamental.

Según las autoridades de Gobierno y del Banco de España, se estima que de los 9 mil millones de euros sólo se utilicen 2 mil o 3 mil millones que tendran que ser devueltos por Caja Castilla La Mancha.

Y como ocurre en estos casos, ahora todos se lanzan en la búsqueda de un culpable. Que la política anticrisis es absolutamente ineficiente, que las autoridades del Ministerio de Hacienda sólo han trabajado con parches, que el presidente Zapatero no ha tomado las decisiones correctas, todo eso pueden ser verdad. Y de hecho lo es. Pero no son más que perorata tardía.

Si hay algo claro es que la España que conocimos hasta 2007 no existirá más. O se toma más en serio el modelo de crecimiento aplicado hasta ahora, se barre con la corruptela que inunda a las Comunidades Autónomas (en especial las de las zonas costeras) y se deja de planificar la economía española con criterios mezquinos y cortoplacistas, o se observa cómo el trabajo de todos se desvanece.

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