Banco de España: pueden caer más bancos y cajas de ahorro españolas

Es poco lo que las personas pueden hacer frente a la crisis económica, a excepción de maldecir al gobierno y a los banqueros. Insultar, escupir sobre sus nombres aunque no se tenga base, aunque no se manejen las abstracciones que han permitido a los dueños de la banca internacional robar a destajo, es lo único que le queda al currante.
Porque sin considerar la lucha diaria para no ser parte de los casi cuatro millones de españoles que están en el paro, está la otra batalla, la psicológica, la que se libra contra el terror que esparcen los medios y que tan bien se acomoda a nuestra idiosincrasia.

Cajas de ahorro y bancos españoles: fin de la ilusión

Y es que después de observar las mentiras con las que sucesivamente se ha tratado de mantener atontada a las personas, el hastío es generalizado. Primero se negó la existencia de una crisis, después se dijo que nuestro sistema bancario era el mejor de Europa, para terminar por  insinuarnos ahora que lo de Caja Castilla La Mancha (CCM) puede repetirse en otros bancos españoles.
Miguel Ángel Ordoñez, gobernador del Banco de España, ya ha dejado claro que es probable que más cajas de ahorro y bancos necesiten ayuda estatal y que hacen falta reformas estructurales. Palabras suaves para decir dos cosas: a) hemos vivido en una ilusión de fortaleza bancaria alimentada por las autoridades en su conjunto b) no se ha hecho lo suficiente o, peor, lo correcto.
A esto se suma lo expuesto en uno de los informes de Credit Suisse en el que se hace referencia a España y a su tasa de morosidad. En él se afirma que si ésta sigue subiendo las cajas de ahorro podrían requerir de unos 60 mil millones de euros durante uno o dos años más.
Con todo lo expuesto las reflexiones son obvias: ¿alguien se cree que el Gobierno no conocía la situación de CCM y de las otras que puedan caer? ¿Por qué se invierte esfuerzo en negar lo que ya saben y no en generar políticas que asuman la situación real y se apliquen desde esa perspectiva?
Estas actitudes, aparte de restar credibilidad a un Gobierno que pasa por sus horas más solitarias, aumentan la paranoia popular. Las malas noticias es mejor decirlas de una vez. Todos saben eso. Así, los afectados de verdad, los currantes, pueden preparase para lo que viene con la fe puesta en quienes dirigen, confiados en que  no se hará politiquería de una delicada situación económica.

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